Asegúrate de que tienes los ingredientes y tus utensilios a mano.
Pon a calentar a fuego medio una cacerola con la leche.
Mientras, pon a hervir el agua en el hervidor de agua (mira en notas qué hacer si no usas hervidor).
Mete el té negro en un pequeño recipiente y échale un poco del agua caliente, el mínimo suficiente para cubrir el té. Esto es importante porque si se prepara el té directamente en leche, la caseína de la leche impide que el té desarrolle todo su aroma.
[Este paso es opcional pero recomendable para tener una experiencia más acogedora] Llena las tazas de la que vayáis a beber con el agua caliente restante. Así estarán calentitas y el té durará más tiempo caliente.
Cuando la leche esté a punto de hervir, para el fuego y añade el té ya húmedo del paso 4.
Deja reposar 3-5 minutos.
Tira el agua de las tazas y llénalas con la leche colada (si has usado té en bolsitas, solo tienes que sacar la bolsita).
Endulza el té a tu gusto. Normalmente se usa azúcar, pero yo prefiriero usar miel o sirope de dátiles. También queda bien con xylitol o eritriol.
Notas
Si no usas un hervidor, cambia el orden de los pasos por 1-3-4-5-2-6-7-8 (hervir el agua primero y usar después el mismo recipiente para calentar la leche).
Para tomarlo frío, no calientes las tazas y deja enfriar el té antes de servir.
Importante: No dejes reposar el té más de 5 minutos en la leche, para evitar que quede amargo. Por eso se usa más cantidad de té que para un té con leche normal: de ese modo queda intenso pero suave.