Un ejercicio para apreciar mejor lo que tenemos

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¿Por qué nos acostumbramos tan pronto a lo que tenemos? Este ejercicio podría ayudarnos a apreciar mejor los placeres que nos rodean (si evitas los errores que cometí yo)

A estas alturas todos sabemos que tener más (más “cosas”, más planes, más experiencias) NO ES LA CLAVE para ser más felices.

De hecho, tener demasiado en nuestra vida puede crear una sensación de agobio y falta de control.

Supongo que por eso están teniendo tanta aceptación métodos como el de Marie Kondo o el movimiento minimalista; anhelamos más ligereza en nuestras vidas y a muchos nos gustaría apreciar mejor lo que ya tenemos.

Sin embrago, en la práctica, nos cuesta aplicarlo.
En este artículo podrás leer por qué nos pasa esto y cómo evitarlo.

Por qué es difícil conformarse con lo que se tiene

Nuestro cerebro está programado para acostumbrarse a lo que ya tenemos.

Por ejemplo, si has nacido como yo en los 80, es muy probable que durante tu infancia, ir de vacaciones con tus padres fuera una cosa excepcional o algo modesto, tipo ir a visitar amigos o familiares. Ahora sin embargo parece que sin hacer un viaje al extranjero al año nos estamos perdiendo algo.

No digo que sea malo hacerlo o quererlo, pero es un ejemplo de que aunque no nos demos cuenta, nos cuesta conformarnos con lo que tenemos.

Según los psicólogos, esto podría ser una fuente de insatisfacción. En las enseñanzas budistas se considera que este deseo es el origen de nuestro sufrimiento existencial.

Adaptación hedónica, o por qué siempre queremos más

En 1971 los psicólogos Brickman y Campbell acuñaron el término “hedonic adaptationpara referirse a nuestra capacidad para acostumbrarnos a nuevas circunstancias sin que afecten de un modo significativo nuestro nivel de felicidad.

Para estudiar este fenómeno, hicieron un seguimiento a ganadores de lotería y a víctimas de accidentes de tráfico que habían quedado paralizadas de cintura para abajo.

Poco después del evento en cuestión (ganar la lotería o perder la movilidad), los participantes del estudio presentaron un gran cambio en su nivel de satisfacción: los nuevos millonarios estaban contentísimos y las víctimas de los accidentes, obviamente, muy tristes.

Sin embargo, tras relativamente poco tiempo, el nivel de felicidad de ambos grupos volvía a estar bastante similar al que tenían antes del evento.

Es decir, los ganadores de la lotería no estaban mucho más felices que antes de ganarla, y lo que es más sorprendente, incluso las víctimas de los accidentes volvían a presentar niveles de satisfacción similares a antes de quedarse en silla de ruedas.

El psicólogo Michael Eysenck compara este fenómeno a una rueda de hámster: nos acostumbramos en seguida a lo que tenemos, y por eso siempre queremos siempre más.

Me imagino que esta característica del ser humano tiene su razón de ser: nos permite aspirar a más y a esforzarnos por evolucionar.

Pero a la vez, nos puede provocar una fuente de descontento porque nos crea la idea errónea de que estaremos mejor con más.

Un ejercicio para combatir la adaptación hedónica

Para mantener a ralla esta adaptación hedónica, el “Greater Good Science Center”, una organización científica basada en la Universidad de Berkley, propone el siguiente ejercicio: “give it up”, que se podría traducir como “déjalo”.

GIVE IT UP” (Déjalo)

Este ejercicio consiste en elegir algo que no sea imprescindible en tu vida y renunciar a ello de forma consciente durante un tiempo, para apreciarlo mejor cuando vuelvas a hacerlo.
Está basado en argumentos científicos y lo he visto recomendado en más de una ocasión, pero (SPOILER ALERT) en mi primer intento no me funcionó tan bien.

Por eso aquí describiré cómo lo puedes probar y qué errores cometí yo:

Cómo hacerlo

1 – Elige algo que hagas regularmente a lo que tengas un acceso prácticamente ilimitado pero no sea imprescindible. En la página recomiendan ejemplos como tomar chocolate o ver televisión; cosas que se supone que hacemos 100% por placer, pero que la verdad, casi siempre tomamos ya por hecho y no las apreciamos tanto.

2 – En el día 1, lleva a cabo la actividad tal como lo haces habitualmente; cómete esa tableta de chocolate o mira un capítulo de la serie que estés siguiendo.

3 – Prescinde de esta actividad durante toda una semana. Para este ejercicio proponen ser consecuente. Por ejemplo, si te has propuesto no comer chocolate, se recomienda evitar cualquier cosa que lo contenga. Si has decidido no ver la tele, tendría sentido evitar también mirar vídeos en otra pantallas, como el móvil. .

4 – Al final de la semana, vuelve a permitírtelo. Y mientras lo haces, presta especial atención a cómo te sientes. ¿Experimentas una intensidad distinta a la habitual? ¿Te es agradable? ¿Ha cambiado algo?

5 – Recomiendan seguir el mismo proceso cada mes y que durante las semanas en las que no se presciende de nada, se tome conciencia de qué cosas disfrutamos y pensar cómo sería tener que prescindir de ellas.

Mi experiencia

Hasta aquí la teoría.
A la hora de la práctica, no me funcionó muy bien este ejercicio en mi primer intento.
Mira qué errores cometí para que no te pase a ti:

Por qué elegí este ejercicio

Hasta ahora me ha convencido casi todo lo que he leído en la página del “Greater Good Science Center”, así que me gusta probar ejercicios que proponen.

Este en concreto me pareció interesante porque:

  • Porque estoy de acuerdo en que dejamos de valorar las cosas en seguida.
  • Me pareció una buena oportunidad para probar algo distinto: prescindir de algo de modo consciente. En Alemania se suele llevar bastante lo del ayuno en época de pascua (incluso entre gente laica o no practicante). Mucha gente deja durante un mes de algo que les gusta pero no es realmente necesario, como por ejemplo los dulces o el alcohol. Tengo un par de amigos que lo hacen cada año y me cuentan que les gusta la sensación de pequeño sacrificio.
  • Me pareció un desafío asequible porque solo dura una semana.
Cómo me fue con el experimento

En mi caso decidí prescindir de cualquier tipo de dulce. Como quizá ya hayas notado en el blog, ya de por sí suelo evitarlo, pero en el fondo me gusta mucho, y como mi marido siempre se compra chucherias, a veces es difícil resistirse. Para hacer la experiencia más desafiante, decidí quitar también el cacao, porque el chocolate oscuro es mi dulce favorito y contiene mucho cacao.

Días 1 y 2

No noté nada. Incluso me planteé la posibilidad de aprovechar la ocasión para dejar de tomar cualquier tipo de dulce a largo plazo.

Días 3 y 4

Al tercer día me dieron unas ganas terribles de comer chocolate, pero me recordé a mi misma que la sensación de sacrificio forma parte del ejercicio y eso hizo que pudiera contenerme.

DíAs 5 y 6

De nuevo sentí calma y además muy orgullosa por haber contenido las ganas de comer dulce de los días anteriores. Volví a plantearme el dejar los dulces de modo permanente..

Día 7

Aunque tampoco tenía tantas ganas de tomar dulce, me alegré de que haber terminado la semana. Sobre todo sentí mucha curiosidad por ver si disfrutaba más el mismo chocolate que antes de realizar el ejercicio.

Ejercicio de renuncia
Volviendo a realizar la actividad a la que había renunciado

Los primeros bocados me supieron intensos, aunque realmente, tampoco no mucho más que antes del ejercicio (quizá una semana tampoco era tanto).

Sin embargo, como en el fondo llevaba tiempo aguantándome las ganas (por mucho que en mi cabeza hubiera estado contándome otro discurso para entretenerme), enseguida pasé a comer con ansias y al final, comí de más (traducido= me comí todas las reservas de galletas que había en casa).

Quiere decir que sentí algo como el efecto yo-yo de después de las dietas.

Conclusión: consejos para practicar la renuncia

Este ejercicio NO me ha ido muy bien porque al retomar la actividad, tampoco disfruté mucho más la actividad a la que había renunciado durante una semana. A cambio, durante el proceso, se me hizo a veces muy duro resistir a la tentación; otras veces, me sentí orgullosa por estar ejercitando mi fuerza de voluntad.
El resultado tirando a negativo con esta experiencia me hace pensar que es importante elegir mejor de qué prescindir.

  • ¿Tiene sentido renunciar una semana a esa actividad? Por mucho que quizá luego la vaya a saborear más, ¿pienso que podré prescindir de esa actividad sin que me cause más malestar que bienestar? En mi caso, prescindir de un modo deliberado de ciertas cosas (por ejemplo la lectura) me parecería más un castigo que otra cosa.
  • Especificar a qué voy a renunciar: esto lo hice fatal. Fui demasiado restrictiva y eso me causó mucho estrés.
  • ¿Por qué quiero prescindir de eso en concreto?: por supuesto, un motivo es hacerlo simplemente como experimento, pero a mí me me pareció más fácil mantenerme firme en mi propósito sabiendo que conseguía algún beneficio más. Por ejemplo, yo prescindí de cosas con azúcar porque me gustaría reducirlas en general. Si me hubiera parado a pensar en lo que quería del ejercicio, me hubiera dado cuenta de que para mi no tenía sentido prescindir de cacao puro (porque sabe a chocolate, pero no lleva azúcar y por lo tanto, no debería habérmelo “prohibido”).
  • Tener preparadas alternativas: probablemente en algún momento sienta debilidad y ese momento será mucho más llevadero si se tiene preparado un sustituto. En mi caso, debería haberme permitido un vaso de leche con cacao puro, que me hubiera calmado las calmas de tomar chocolate y hubiera evitado el efecto yo-yo. Por poner otro ejemplo, si hubiera prescindido de ver series, hubiera sido buena idea tener preparado un libro.
  • No subestimar el estrés que provoca la renuncia: ejercer la fuerza de voluntad cansa. Por eso, no recomendaría este ejercicio en épocas de estrés.

Este ejercicio me ha hecho pensar que aunque parece que vivimos en tiempos de excesos, todos ya renunciamos a muchos “placeres” de forma diaria (por ejemplo, en mi caso, echo de menos leer y ver alguna que otra serie). Así que me pregunto si quizá no sería más efectivo y menos duro hacer vida normal, y en vez de ver lo que no podemos hacer como un motivo de queja, pensar que es un ejercicio para disfrutar más la actividad cuando podamos hacerlo.

Conclusión

Se supone que este ejercicio de renuncia consciente ayuda a saborear más intensamente las actividades que nos gustan (pero a mí no me ha funcionado tan bien)

Calificación personal: ★★☆☆☆ (2/5)

Inversión de tiempo: muy baja

Dificultad: media/alta

¿Lo recomendaría?: es interesante como experiencia pero en general no lo recomiendo

Como ves, tengo sentimientos encontrados respecto a este ejercicio y dudé muchísimo antes de presentarlo aquí. ¿Crees que este ejercicio te Iría bien? Si lo has probado, ¿cómo te ha ido?

Más ejercicios de Greater Good Sciende Center:

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9 comentarios

  1. Muy interesante el planteo de este ejercicio. Sin proponérmelo, me ocurre algo similar durante los viajes: Durante los 10 o 15 días fuera de mi casa, aunque disfruto de la experiencia del viaje, «extraño» algunos pequeños placeres cotidianos del hogar. Es una manera de valorarlos más una vez de vuelta.

    1. Oh, tienes razón, Ariel. Es verdad que durante los viajes uno parece que se fija y aprecia mejor los detalles. Gracias por compartirlo, Ariel!

  2. Hola hermosa,
    Verás, al leer tu experiencia me di cuenta de varios errores que has cometido, somos principiantes, es normal sufrir por aquellos problemas a la hora de experimentar. Sucede que nuestro cerebro, como usted dice, ya está acostumbrado a una monotonía y al quitar una parte de ese algoritmo nuestro cerebro se pone en una alerta…
    Mi primera recomendación es empezar de nuevo en periodos de tiempo ¿A qué me refiero? Si desea dejar el chocolate es ir poco a poco disminuyéndolo (si lo hace de pronto creará una alerta), un día comer chocolate y en otro no, pasa una semana y agranda el comer chocolate después de 3 días y así verá que en la tercera semana dejara el chocolate. En este paso es recomendable empezar con el reto.

    Siéntase a gusto de comer todo el chocolate negro que guste; a partir del 70% de cacao es saludable e incluso a partir del 85% no engorda, es muy común pensar que el chocolate sube de peso, sin embargo, el cacao tiene Flavanoles qué son muy buenos para la salud, sin embargo si contiene leche es muy posible que los aportes del flavanoles queden inexistentes. Por ello siéntase a gusto de saborear cacao durante el día…

    Si desea más información o desea que le explique, con todo gusto puede mandarme un mensaje por correo electrónico. Gracias por su atención

    1. Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de escribir con tanto detalles 🌸
      Estoy totalmente de acuerdo con la idea de que si dejamos algo de golpe el cerebro “lo interpreta como una alerta”.
      Me sorprendió que no me funcionara este experimento con el chocolate porque puedo estar meses sin probarlo (cada vez me atraen menos los dulces); pero al prescindir de él de forma premeditada, me entró una sensación de carencia.
      Creo que por eso este ejercicio (ya sea aplicándolo a comida o a otra cosa) debería hacerse de otro modo, tal y como recomiendas (aunque quien sabe, a lo mejor a alguna gente le funciona así; al fin y al cabo la página que lo recomienda es una autoridad en psicología).

    1. Muchas gracias por el comentario, Ana María.
      Me alegro de que te llame la atención. Como comento, aún no le he pillado el truco del todo, pero sí que fue interesante.

        1. Con mucho gusto ☺️ En sí, es muy sencillo: se trata de dejar de hacer algo que te durante una semana. Así, al volver a retomarlo a la semana, es más fácil apreciarlo. Hay evidencia de que funciona; pero personalmente no me fue tan bien.

  3. Me ha parecido muy interesante leer tu experiencia.
    Una semana con este tipo de restricciones, en teoría, suena bien, pero yo lo he intentado con distintas cosas de dietas en muchas ocasiones y normalmente no me ha durado. Aguantar mucho tiempo algo que me encanta y habitual, me produciría estrés y luego cuando pasase una semana(si es que si hubiera durado), sería muy posible que sobrepasase.
    Creo que para tener éxito con este experimento hay que tener muchísima fe, estar muy convencida o sentirse claramente mejor haciéndolo para combatir con el estrés que produce.

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