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Cómo mantener la calma ante un troll

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Por qué pienso que a la mayoria de nosotros se nos ha infiltrado algún que otro troll a lo largo de nuestra vida (incluso aunque no nos hayamos dado cuenta) y qué hacer para quitarles poder

Troll: persona que se esconde tras el anonimato de internet para publicar mensajes provocadores, con intención de molestar o provocar una respuesta emocional negativa en los demás.
Todos sabemos que hay gente así, aunque por suerte, es una ínfima minoría. Pero ¿sabes cómo mantener tu calma cuando te aparece uno? En este post cuento lo que he aprendido del primer comentario troll en mi blog y cómo te puede servir a ti, no solo en el ámbito online.

No alimentar al troll

En su libro “Mindshift”, Barbara Oakley cuenta que con la popularización de los MOOC, a muchas universidades les pilló desprevenidas que entre la gran cantidad de alumnos que les llegaban, había algún que otro troll.

La Universidad de Lead lo solucionó contratando a gente experimentada en comunidades online para que les gestionaran los comentarios.
Lo primero que les explicó la recién contratada community manager fue que la mejor manera de manejar a un troll es no alimentarlo (“don’t feed the troll”). Es decir, no interactuar con este tipo de usuarios.

Esto parte de la base de que no tiene mucho sentido contestar a un troll porque:

  1. Si se contesta con enfado, el troll ha conseguido su propósito (generar malestar)
  2. Si se contesta intentando razonar, lo más probable es que el troll no esté receptivo, por lo que o bien el tiempo dedicado a contestar caiga en saco roto, o le eche leña al fuego del troll para enzarzar la discusión más.

Esto en teoría es muy lógico y prácticamente forma parte de la cultura general online. Pero como conté al comienzo, el primer troll que se ha colado en el blog me ha hecho reflexionar sobre algo en lo que hasta ahora no había pensado: que a veces, cuesta reconocer a los trolls.

Reconocer a los trolls camuflados

Hay una fábula que explica la diferencia entre ser insultado por un loco y ser insultado por una persona cuerda:

Un día, un hombre que no suele ir a hacer la compra, decide hacerle los recados a la mujer. Cuando llega al mercado es insultado por un desconocido. Se siente de lo más humillado y se enfada tanto que vuelve a casa y le dice a la mujer: “no pienso volver al mercado nunca más”. Entonces la esposa, que es la que normalmente hace la compra en el mercado y sabe de quién se trata, le explica que el que le ha insultado es el “loco del mercado”, una persona con problemas mentales (y una vida muy miserable) que insulta a todo el que pasa. En cuanto el hombre se entera de esto, le dejan de parecer hirientes los insultos que ha recibido y ve al loco incluso con lástima. Es más, cuando vuelve a ir al mercado, ya ni se inmuta por los insultos.

El cuento está sacado de un libro de Ajahn Brahm, un monje budista, y como tal, quiere transmitir con la historia un mensaje más profundo del que estoy hablando aquí.
Pero me ha parecido un buen ejemplo para entender por qué si te llega un mensaje con insultos genéricos (si es online, el típico comentario con insultos escrito con faltas de ortografía), seguramente no te lo tomes muy en serio, mientras que si te lo escribe alguien que te parece razonable, probablemente te creas lo que dice.

A partir de ahora, para que nos entendamos, al troll con faltas de ortografía lo llamaré “troll clásico”. Es el equivalente al loco de la fábula, y se ve venir: va mugriento, con el pelo largo engreñado y harapos.

Pero luego está el “troll camuflado”: sabe escribir sin faltas de ortografía y se da aire de culto. A primeras no se nota que es un troll porque se ha cortado el pelo, se ha duchado y se ha puesto ropa de humano.

El tipo de troll más peligroso

Obviamente, el “troll clásico” es molesto, pero sabes que no tienes que tomártelo en serio. A cambio, el “troll camuflado”, puede colarte su mensaje, incluso sin que te des cuenta al principio.

En mi caso, cuando recibí el primer comentario negativo en el blog, se lo describí a mi entorno como “no es un hate comment, es solo una mala crítica”.

Por suerte, era la hora de preparar la cena y no tuve tiempo para contestarle al instante.

Menos mal, porque desde que leí el comentario hasta que tuve tiempo de sentarme a contestarle, me había estado comiendo la cabeza pensando en cómo disculparme por haber escrito algo que le hubiera molestado. Pero al volver a leerlo me di cuenta de que era un troll en toda regla: de tres frases, una era directamente un insulto.

El hecho de que supiera escribir sin faltas de ortografía y que no hubiera usado palabrotas, me había hecho pasar de largo rasgos muy claros de troll. Siguiendo con la imagen de troll, sería el equivalente a que este fuera un aseado, pero iba descalzo, enseñando pies sucios de troll. Y yo, en vez de reconocer lo de los pies como signo de troll, interpreté que sería porque a lo mejor era un alternativo (=le otorgué una autoridad que no tenía).

Pero sea cual sea el tipo de troll, creo que lo peor no es lo que te diga en el momento, sino que pueden contagiarte su negatividad.

El mayor daño que hace un troll

A veces el verdadero peligro de un troll no es lo que dice en el momento, sino la semilla de mala hierba que planta en tu mente.

Ahora que todos oímos sobre cómo se contagian los virus, pienso que se puede comparar a esta imagen: es como si cuando un troll dice algo, suelta partículas de saliva en las que van Trollvirus. Cuando estás con el sistema inmune fuerte, el trollvirus no “cuaja” y no te contagia. Pero el tiempo de incubación es largo, y a veces puede sorprenderte que tras meses o incluso años, tu mente tiene inseguridades (pensamiento troll) que no sabes de dónde vienen… y que resulta que te entraron por un comentario troll.

Esto puede pasar con cualquier tipo de comentarios, no solo online.

A lo largo de nuestras vidas recibimos muchos mensajes que llevan trollvirus.
Cuando vemos trolls pestosos, nos solemos alejar antes de que nos contagien su virus. Pero por desgracia, la mayoría de las veces, el trollvirus nos lo pega alguien que consideramos dignos de respeto, cuando en el fondo no son más que trolls muy bien enmascarados.

A veces incluso, lo que nos planta pensamientos trolls en nuestra mente no es un troll sádico, sino algún comentario de un amigo bienintencionado, pero que está infectado con trollvirus (a su vez, seguramente contagiados por otros trollvirus de su entorno).

Cómo reconocer y mantener la calma ante un troll

Cómo protegerse de los trolls

Por desgracia no podemos evitar que se nos aparezca o no un troll (o un pensamiento troll), pero con toda esta teoría personal no quiero crear pesimismo ni desconfianza, sino al revés: aclarar que muchas ideas que nos sientan mal pueden ser combatidas como si de un troll pestoso se tratase.

Ponerles la etiqueta

Cuando sabes que un comentario viene de un troll, lo tienes menos en cuenta.

Por eso, aunque suene obvio, reconoce que son trolls.

Recuerda que no es tan fácil reconocer a los trolls camuflados, esos que te quieren hacer creer que son alguien con lógica, inteligente e incluso dignos de respeto.

Lo mismo es aplicable a los “pensamientos troll” (Marina de Psicosupervivencia, una psicóloga que sabe explicar de estas cosas mucho mejor que yo, llama a esta voz interna VSS, Vocecilla supuestamente sensata).
Cuando notes que tu mente te lanza mensajes negativos, observa si de verdad son tan justificados o si al contrario, son pensamientos que se hacen los importantes pero que en el fondo están infestados de trollvirus.

No alimentarlos

Existe la teoría de que alguien tiene que explicarle al troll que no está bien lo que hace.

Personalmente admiro mucho a las personas que pueden dialogar de forma tranquila, y si a ti explicar tus argumentos te deja con más paz, puedes hacerlo.

Pero si crees que el oponente no está abierto al diálogo o te sientes aún demasiado vulnerable, recuerda el “don’t feed the troll” de la sabiduría popular online (hay otros dichos con el mismo mensaje, como el “no discutas con un estúpido; te hará descender a su nivel y vencerá por experiencia” de Mark Twain).

Do not argue with fools

Usar la técnica de Sherlock

Sherlock Holmes estaba convencido de que el cerebro es como una habitación con una capacidad limitada para contener cosas. Y por eso, si quería tener espacio para lo que quería (en su caso, conocimiento contra el crimen), tenía que sacar lo que no le servía.

No digo que desde un punto de vista neurológico esta teoría sea cierta (no lo sé), pero todos hemos experimentado que cuando tenemos la mente “llena” (ocupada) con algo, parece que no hay lugar en el momento para otras cosas. Como cuando estamos concentrados haciendo algo que nos encanta y se nos olvida todo lo demás.

Por eso, piensa cómo puedes llenarte la cabeza de algo que te haga bien: ¿tienes por ejemplo una lista de logros propios o de cumplidos que te hayan hecho? (yo no tengo pero he oído que es muy útil). O para entretenerte de una forma más inmediata, ¿qué actividades consiguen que te ensimismes de forma positiva?

Mirar qué puedes sacar de él

Mi profesora de taichi decía que toda emoción es valiosa porque te mostraba una lección. Por ejemplo, la envidia, que a todo el mundo le parece horrorosa, puede servirte como un indicador de lo que quieres conseguir. Y que por eso, si lo canalizas de un modo productivo, podría ayudarte a acercarte a una mejor versión de ti (lo que llaman higher-self).

Los mensajes de los trolls nos duelen porque pensamos que a lo mejor tienen algo de razón.

Por eso, analizar por qué nos duele algún mensaje (tanto venga de un troll con pinta de troll, de un troll súper camuflado o de un pensamiento troll que se te ha colado en la cabeza) puede enseñarnos una lección valiosa sobre nosotros mismos.
Eso sí, no dejes que durante este diálogo interno contigo mismo, te convenza algún pensamiento troll.
El objetivo de este análisis es que decidas qué puedes hacer ahora mismo para alejarte de la influencia del troll, aunque sea un pasito minúsculo.

Para aclararte las ideas ayuda mucho hablar con un amigo que sepa escuchar o escribir en un diario.

Conclusión

Algunos trolls se ven a la legua, pero a otros, cuesta reconocerlos de primeras.
Al fin y al cabo, los trolls también son personas como tú y yo.
Es incluso posible que algún comentario nuestro haya herido a alguien y le haya sentado como un troleo. Y de hecho, lo peor es que la mayor parte de los mensajes hirientes que recibimos, vienen de nuestra mente.

No es fácil, pero recuerda que por mucho que suene a tópico, “no eres tú, es el troll”.
Ignóralos lo mejor que puedas, mímate haciendo algo que te sienta bien y sigue con tu vida, avanzando pasito a pasito hacia una mejor versión de ti mismo.

¿Reconoces a los trolls que se te han colado a lo largo de tu vida? ¿Qué puedes hacer para cuidarte con amor a ti y no otorgarles el poder que no tienen a los pensamientos trolls?

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3 comentarios

  1. Me ha encantado este artículo ya que yo también había recibido un “no me gusta” en vídeos de YouTube y me sentía muy dolida. Pero la idea de troll me ayuda a hacerle menor caso.
    La verdad es que no comprendo a los trolls pero me has dado mucha calma con este artículo.
    En mi caso, recordarlos comentarios positivos y amables me hacen muy feliz, olvidando a los trolls.
    Muchísimas gracias por el artículo!

  2. Qué buen artículo!!! A ver si tu troll es capaz de escribir algo así. Me has hecho reflexionar y sí he tenido un gran y apestoso troll.

    1. Gracias, Sagra.
      Estoy segura de que todos hemos tenido nuestros trolls…
      Pero espero que sabiendo reconocer que lo son, podamos quitarle poder a los pensamientos trolls que quizá nos hayan contagiado.

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